4.17.2015

Una historia (personal y vergonzosa) para la memoria

Intenté registrarme en el Sistema de Bibliotecas y me dijeron que ya estaba registrada. ¡Claro! Desde los ocho años mi Papá me llevó a la Biblioteca Pública Piloto a sacar en carné y me llevaba con cierta frecuencia a leer, a prestar libros, a talleres, en fin. Sin embargo, no pude prestar los libros que necesitaba porque... ¡tengo una multa desde el año 2000! Vergonzoso, dejo constancia.
Me someto al escarnio público porque, gracias a este embrollo, removí muchos recuerdos.

Cuando me preguntaron por el número de documento para ver la cifra exacta a la que asciende mi deuda, por supuesto, pronuncié los dígitos de mi cédula de ciudadanía: usuario inexistente. Y entonces recordé que, quizás, ese préstamo lo había hecho cuando aún portaba tarjeta de identidad; eché cabeza, como decimos, y unos números empezaron a brincar: 821115, la fecha de nacimiento, y luego aparecieron los que se me habían perdido en la memoria: 04632... ese era el número de la tarjeta de identidad, ese documento que me hacía sentir grande por tenerlo en la billetera; porque, claro, si tenía tarjeta de identidad, necesitada billetera de plástico.

Pero, sobre todo, se movieron esos recuerdos de mi señor Papá llevándome a la biblioteca y al Mamm, acompañándome a sacar el carné, a los talleres, a descubrir el mundo detrás de los libros. Y también a mi Papá llevándome a Envigado, bien madrugada, a hacer la fila para sacar la tarjeta, la chaquetica de jean con cuello verde y la capul de la foto. La niña Jenny, menudita, extrovertida, curiosa, con muchas ganas de leer, escribir y preguntar. Y tantas cosas que le agradezco a mi Papá.

Mañana saldaré mi deuda de 11.600 pesos con la Piloto; una deuda que adquirí por no entregar a tiempo un libro sobre teoría del color y la película 1984.


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