9.26.2007

De justicia, respeto y otros desvaríos

Un senador de Nebraska, Estados Unidos, presentó una demanda contra Dios, acusándolo de causar cataclismos y sufrimientos humanos, y de amenazar con hacerlo otra vez. Pero, lejos de esperar una respuesta divina, el legislador explicó que hizo la insólita presentación para demostrar que en Estados Unidos cualquiera puede demandar a cualquiera.

Después de escuchar esta historia en los noticieros, que al principio me sonó jocosa y absurda, pero que luego entendí como un ejemplo de lo coja y ciega –sobre todo ciega que es la justicia en este y otros países, pensé quiénes serían perfectamente demandables en mi entorno más próximo.
Demandaría a los conductores de bus que nos obligan a escuchar vallenatos y guascas, sin importarles que sean las 6:00 p.m., hora en la que todos salimos de nuestros lugares de trabajo, cansados, con el cerebro atrofiado por los quehaceres diarios, de pie, con calor, y en muchos casos, pensando en lo que nos espera al llegar a casa (más trabajo, los hijos, preparar la cena, empacar el almuerzo para el día siguiente…). Siempre he creído que esta situación puede convertirse en un problema de salud pública, pues la salud mental también hay que cuidarla, de hecho es de la falta de salud mental que se desprenden muchas afecciones físicas. Si todos los que no soportamos el nivel de decibeles del acordeón costeño y el sonsonete carrilero que se ha puesto de moda en las emisoras caemos en una histeria colectiva, las consecuencias serían ¿graves?
Cada día, también a las seis de la tarde, sagradamente, unos indígenas un tanto urbanizados, en un intento por globalizar sus raíces, ocupan el paso en una amplia acera de La Playa con Junín, imponiendo sus mixes de baladas americanas con quenas, zampoñas y otros instrumentos cada vez menos autóctonos. Vuelvo sobre el respeto por el otro y por el espacio ¿Dónde están los señores con chaleco de espacio público? ¿Esto lo ha permitido Espacio Público de la Secretaría de Gobierno? ¿Por qué tiene que ser todos los días? A estos señores, también los demandaría.
Pero mi mayor demanda va para los adultos que mandan a trabajar a sus hijos pequeños. Y la ira se me alborotó un sábado en la tarde, cuando en el separador de La Playa con Girardot, vi como una señora distribuía las cajitas de chicle entre sus dos hijas, y ella, mientras las niñas se desplazaban, se fumaba un cigarrillo. Me quedé observando, y las niñas regresaron después de vender su mercancía, se repitió la acción. Por favor. ¿Dónde está Bienestar Familiar? ¿Dónde están las entidades gubernamentales y las ONG que trabajan por la defensa de los niños? Si mal no recuerdo, los derechos de los niños prevalecen sobre los demás, y los niños tienen derecho a estudiar, a no trabajar, a la recreación, a un crecimiento integral, a un montón de cosas que nadie les da. Muchos de ellos dicen que les gusta trabajar, pero claro, cómo no les va a gustar si por trabajar es que comen, algunos estudian y otros se salvan del maltrato. Cómo no les va a gustar si no conocen nada más. Tengo plena conciencia de que esta es una situación irremediable, de que vivimos en un eterno círculo en el que siempre la cabeza se come la cola, para esta se reproduzca nuevamente y sea comida otra vez…
Pero a pesar de saber que nada de esto se puede remediar, no puedo evitar la ira que me produce subirme a un bus y escuchar vallenatos y guascas, sintiéndome como en una cantina, ver que los niños se suban a ese mismo bus a vender dulces y ver cómo el hecho de vivir en una ciudad nos hace sujetos vulnerables, víctimas permanentes del irrespeto y del menosprecio de nuestros derechos.

5 comentarios:

Melpómene dijo...

ueno. Yo demandaría a mis vecinos, que se la pasan de rumba toda la smana, demandaría a los hombres morbosos y demandaría a las señoras con perfumes hostigantes y dulzones.

El problema es que si todos pudieramos demandar sería también una cosa de locos ¿no?

Jenny Giraldo dijo...

Loquísimo. Sin con estos niveles de impunidad la justicia funciona como funciona, como sería con unos ciudadanos concientes que no dejen pasar por alto cuanto atropello se comete.

Diana H. dijo...

Yo demandaría a las que se ponen capas para ir a un toque de Gorgoroth... por ser un atropello absurdo contra la estética... q vergüenza.

Demandaría al circo gótico de esta ciudad.

Demandaría a los gastan su tiempo poniendo tanta teta en vez de hacer otro tipo de cirujías. {reglamentaría eso, de verdad}

Laura dijo...

Yo demandaria a los que se quedan en las puertas del METRO y en las registradoras de los buses, mientras en la mitad todo esta vacio.

Sandel dijo...

Esta bien desahogarse pero por qué no hacer algo? El blog sirve para lo primero pero buscando dentro de ti seguramente encontrarás una pequeña acción que no te quitará mucho tiempo y te dejará la sensación de que todo no está perdido.